jueves, 13 de enero de 2011

amigo etienne

Así, sin darnos cuenta, hemos cedido una vez más. Seguramente no nos hemos dado cuenta, ni hemos querido enterarnos. No importa, como siempre. La tan conocida comodidad del estado del bienestar (o malestar, según cuanto estamos dispuestos a aguantar) es un factor que aborrega al ciudadano medio. Saben los que me siguen de un modo u otro que una de mis críticas mas feroces suele estar dirigida a nosotros mismos, a la sociedad civil. Y a mi, el primero.
Me es inevitable pensar en el bueno de Etienne de la Boetie. Su "Discurso de la Servidumbre Voluntaria" (escueto tratado totalmente aconsejable) sigue mas vigente que nunca. Y ya han pasado unas centurias desde que este francés con pocos pelos en la lengua y una inteligencia privilegiada marcó con precisión quirúrgica los problemas que plantea una sociedad desmovilizada.
El Discurso, feroz lectura contra la tiranía en todas sus formas, es una canto a la libertad de la sociedad. La desobediencia civil es una idea que martillea sin piedad mientras te hundes en La Boetie. Honradamente, te hace plantear si realmente eres uno de esos ojos, una de esas manos, una de esas orejas que hacen que el poder del tirano parezca tan infinitamente vasto.
Aunque se planteen asuntos de hondo calado, me gustaría resaltar la idea principal que plantea Etienne de la Boetie en el Discurso. Es la sociedad la que mantiene aupado al tirano en su lugar. Sin nuestra complicidad, es imposible que pueda mantener su poder durante un periodo largo de tiempo. Somos, en fin, un engranaje en el sistema que si optara por detenerse, destrozaría toda la maquinaria.
Pero, y como el bueno de Etienne ya aticipó, no somos ni tan siquiera nostálgicos de una libertad que alguna vez tuvimos. No estamos dispuestos a jugar a ser libres. Y eso, como vaticinaron hace casi 500 años, nos condena sin remisión a ser parte de esa servidumbre voluntaria.

miércoles, 5 de enero de 2011

martires de la ética

Ha sido asesinado Salman Tasir en la provincia paquistaní de Punjab. Seguramente, no conocen quien era este fulano. Gobernador de la provincia de Punjab, en el lado oriental de Pakistán, era un activo defensor de los derechos humanos en contraposición a las leyes divinas musulmanas. Esta oposición al integrismo y a los talibanes lo han llevado a la tumba, caído bajo nueve balas que, irónicamente, le descerrajó su guardaespaldas.
Se preguntan algunos ingenuos si hay una mano negra detras de este asesinato, o si eran cuestiones personales las que motivaron el magnicidio. Amigo de Benazir Bhutto, ella también fue asesinada por integristas islámicos, y (si lo recuerdan) nadie puso en tela de juicio la autoría intelectual.
En cualquier caso, esto nos lleva a la tan mañida confrontación entre leyes civiles y leyes religiosas. Terreno cenagoso e infame que marca la vida de muchísimas personas en este planeta. El problema radica, a mi entender, en la creencia absoluta de la infalibilidad divina, y como no, en la creencia de que la ética propia es la que debe regir el estado. Porqué, no lo olvidemos, la ética religiosa, ha sido creada por humanos. Por personas que tenían, en su momento, tal visión de la vida. Y obraban en consecuencia.
Si en el año 2011 aun nos empeñamos en vivir una realidad de hace dos milenios, el cruel asesinato de Tasir sólo va a ser la continuación del integrismo religioso (nótese que me da igual el color de esa religión) que tanto desangra muchos países actuales. Tal vez deberíamos empezar a pensar en fomentar la ética ciudadana, la ética de la humanidad; la forma en que todos podamos habitar este planeta en paz. Pero claro, siempre es mas fácil que alguien decida por nosotros. Incluso en cuestiones tan vitales como la ética. Así nos va.

martes, 4 de enero de 2011

feliz navidad

Debería comenzar el post felicitando a todo el mundo el nuevo año, deseando que todo vaya bien en este año que comienza y toda esa parafernalea que tampoco lleva a ningún lugar. Un nuevo año, si, 2011. Es el momento de empezar a pensar en nobles propósitos para mantener la mente distraida durante los primeros días de enero. "Voy a ponerme a dieta", "este año me tomaré las cosas menos en serio", "voy a dejar el tabaco"; y así miles.
¿En serio que nos creemos todo eso? ¿De verdad que vamos a cambiar nuestros hábitos adquiridos durante largos años (que por cierto, también tuvieron un inicio para poder cambiarlo) de golpe y porrazo? Ojalá fuera así de perfecto y de fácil.
Hoy es día de enterrarse entre las distintas tiendas de la ciudad para buscar regalos a nuestros seres queridos, amparándonos en una mágica monarquía que funciona en dudoso triunvurato. Fechas de amor, paz y esperanza. Puede que los demás días del año vivamos en el desamor, la guerra y la desesperanza; o tal vez sólo sean viejos tópicos en los nuevos tiempos.
Por mi parte, sólo deseo que este nuevo año me otorge (¡por fin!) la facultad de poder discernir entre lo que me conviene y no. Nada menos. ¡Feliz Navidad!