Circula entre mis amistades una leyenda que resurge cíclicamente en nuestras tardes de caña y colegueo. Algo inofensivo, pintoresco y gracioso a partes iguales, que suele servir de aperitivo antes de enzarzarnos en discusiones pseudo-sesudas del tipo "cómo arreglar el mundo en 24 horas; seminario impartido por fulano de tal".
Dicen y cuentan que en un pequeño pueblo (de esos que hay a patadas y que, curiosamente, todos tenemos uno) de la meseta castellana (el nombre, obviamente, es lo de menos) existía una escuela que era dirigida por un linaje de camaleónico apellido (y en este caso, el nombre sigue siendo lo de menos). Los Albéniz, los Nieto, los Herrero; da igual (lo de camaleónico es por esto), porque cada cual cuenta la historia según lo que le conviene, según sus odios personales, sus filiaciones inofensivas, y demás parafernalea rural.
Cuentan, pues, que la dirección de la escuela era ostentada por esa rama familiar, generalmente por el patriarca (España sigue siendo apostólica y romana, amigos). Los demás miembros de la prole eran repartidos, debido al prestigio de papá, en diferentes puestos de importancia por el pueblito en cuestión (farmaceútico, panadero, concejal de festejos, etc) sin que los vecinos pudieran hacer nada. Por supuesto, la partida de educación pasaba a manos del director, que hacía con ese dinero lo que buenamente quería.
En cargo vitalicio (prestigio, tradición, en fin; memeces), el director era un puesto inamovible: el consejo escolar sufría sus pertinentes elecciones que servían para purgar los puestos más bajos, en los que Manolo, el labriego, podía llegar a entrar (nadie se da cuenta en realidad de los problemas que tiene el bueno de Manolo para llenar la cazuela; pero esto es secundario: ahora hablamos de política).
Lo gracioso de todo esto es que el tal Albéniz (apellido simpático que voy a utilizar cuando me refiera a ese director caciquero, o cacique directil) no ostenta poder efectivo. Es decir, se limita a firmar las directrices del consejo escolar. Vamos, que es una figura representativa. En su magnanimidad, decide no intervenir en nada. Aquí, la palabra cacique (que sigue siendolo, por cierto) se va transformando paulatinamente en vago y jeta, a partes iguales.
Total, que el tonto del pueblo, en un arranque de lucidez, se preguntó un día cual era realmente la función del campechano de Albéniz; y cual era la diferencia entre tenerle de director y no tenerle.
No se si me voy explicando...
miércoles, 8 de diciembre de 2010
viernes, 3 de diciembre de 2010
échame un cable
Una vez que el temporal ha amainado y el sol vuelve a surgir entre las últimas y despistadas nubes que quedaban de la tormenta, es hora de hacer balance de daños. Un balance, supongo, casi imposible de acometer; pues dudo que haya habido alguien tan tarado como para investigar minuciosamente cada cable que Washington ha ido perdiendo por el camino.
Perder; bonito y curioso eufemismo para referirnos a la jugosa (y criminal, parece ser) acción de un soldado de tercera que, muerto de asco mientras combatía a esos señores con barba y turbante, decidió que es (¡donde va a parar!) muchísimo mas divertido filtrar secretos de estado que jugar el tiro al árabe. Al menos, el amigo Manning ha hecho algo mas loable que declarar una guerra ilegal.
Pero daños colaterales al margen (hoy no me meteré contigo, Assange), lo curioso de todo esto es lo que esos cables contenían. Información que podría pasar tranquilamente por las revistas mas bizarras de cualquier peluquería de (ja-ja, que gracioso soy) medio pelo. ¿En serio que ese chico que es tan malo (pero al que reímos sus gracias, no sea que nos corte el suministro), utiliza botox para mantener la piel firme? ¿De verdad que ese depravado se sigue encerrando en lujosas mansiones con sus (dudosamente) legales velinas? ¿Gobierna Rusia una pareja de superheroes (iconos, por otro lado, de la homosexualidad mas sesentera)?
Me es inevitable reírme por lo absurdo de la situación. Aún así, sé que peco de bienintencionado (o de imbécil integral) diciendo que no me esperaba que hubiera algún tipo de control social y político. Hace poco que perdí la inocencia, lo reconozco. Pero, ¿creía alguien en su sano jucio que esto no sucedía? El problema es, a mi parecer, la profundidad y el cariz (en ese escrupuloso orden) que van cogiendo las cosas según se viaja mas al fondo del barril. Guerras, conspiraciones, chantajes, y un sinfín de barbaridades que apenan e indignan de igual manera.
Y lo peor, lo mas patético de todo, es que esa panda de ineptos nos gobiernan. Hay días que nos piden a gritos que levantemos barricadas y hagamos nuestra propia revolución. Y si lo piden con tantas ganas, tal vez deberíamos darles el capricho.
Perder; bonito y curioso eufemismo para referirnos a la jugosa (y criminal, parece ser) acción de un soldado de tercera que, muerto de asco mientras combatía a esos señores con barba y turbante, decidió que es (¡donde va a parar!) muchísimo mas divertido filtrar secretos de estado que jugar el tiro al árabe. Al menos, el amigo Manning ha hecho algo mas loable que declarar una guerra ilegal.
Pero daños colaterales al margen (hoy no me meteré contigo, Assange), lo curioso de todo esto es lo que esos cables contenían. Información que podría pasar tranquilamente por las revistas mas bizarras de cualquier peluquería de (ja-ja, que gracioso soy) medio pelo. ¿En serio que ese chico que es tan malo (pero al que reímos sus gracias, no sea que nos corte el suministro), utiliza botox para mantener la piel firme? ¿De verdad que ese depravado se sigue encerrando en lujosas mansiones con sus (dudosamente) legales velinas? ¿Gobierna Rusia una pareja de superheroes (iconos, por otro lado, de la homosexualidad mas sesentera)?
Me es inevitable reírme por lo absurdo de la situación. Aún así, sé que peco de bienintencionado (o de imbécil integral) diciendo que no me esperaba que hubiera algún tipo de control social y político. Hace poco que perdí la inocencia, lo reconozco. Pero, ¿creía alguien en su sano jucio que esto no sucedía? El problema es, a mi parecer, la profundidad y el cariz (en ese escrupuloso orden) que van cogiendo las cosas según se viaja mas al fondo del barril. Guerras, conspiraciones, chantajes, y un sinfín de barbaridades que apenan e indignan de igual manera.
Y lo peor, lo mas patético de todo, es que esa panda de ineptos nos gobiernan. Hay días que nos piden a gritos que levantemos barricadas y hagamos nuestra propia revolución. Y si lo piden con tantas ganas, tal vez deberíamos darles el capricho.
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