¿Recuerdan a esa niña rumana que tuvo una criatura con diez años? ¿Recuerdan el terremoto de Haití? ¿Recuerdan el varapalo a Obama y el ascenso del Tea Party? ¿Recuerdan a los 33 mineros de Chile? ¿Recuerdan los gitanos deportados por Sarkozy? ¿Recuerdan las elecciones de Brasil? ¿Recuerdan a Néstor Kichsner? ¿Recuerdan el cautiverio del premio nobel Liu Xiaobo?
Sinceramente, me cuesta recordarlos. A todos ellos. A los que me olvido. A los que omito por razones varias. Me cuesta tanto recordarlos que podría jurar, en un momento dado, que ninguno de ellos existió. Que todo está orquestado de manera que mi memoria frágil se olvide de lo que hace cuatro días (literalemente) era la noticia. Primeras planas que ya no venden, protagonistas que se difuminan. Sonrisas, lágrimas, emociones; sentimientos que nos son ajenos ahora. Ya los sentimos hace un tiempo. No hace falta que los volvamos a sentir.
Si, lo se, este post es demagógico a mas no poder. Pero mientras siga sucediendo, es preciso que se siga denunciando. Por que si seguimos permitiendo espacios vacios, la impunidad seguirá siendo flagrantemente escandalosa. No podemos admitir este periodismo voraz de titulares huecos que no les importan. Terminarán involucionando nuestros recuerdos. Terminaremos por pensar que las situaciones no tienen consecuencias, pues no las conocemos. Y no hay nada mas peligroso (y mas manipulable) que una masa social ávida de nuevas situaciones, de titulares que entierren las catástrofes del ayer.
Bueno, si; hay algo más peligroso. Que haya gente sin escrúpulos dispuesta a facilitar esa droga.
¿Recuerdan qué fue del ayer?
martes, 16 de noviembre de 2010
viernes, 12 de noviembre de 2010
la hipocresía, con sangre entra
Pocas cosas son más definitorias en un ser humano como la pertenencia a un grupo determinado. La familia, la comunidad, el equipo de fútbol, la peña de la lotería; el caso es que todos necesitamos sentir lazos de unión con algo o alguien. Es una reacción tan natural como comprensible. Ese grupo nos da calor, nos arropa, nos ayuda en ciertos momentos. Es, en fin, un lugar seguro, un refugio al que recurrir.
No obstante, ¿qué define a ese grupo? Miles son los criterios de selección ( y sobretodo, de discriminación) en esto de hacer grupos diferenciados, pero uno de los más potentes, desde luego, es la sangre. La sangre como materia de vida. Y por desgracia (y esto último se va imponiendo), como materia de muerte. Pues es bien sabido que los enemigos comunes hacen extraños compañeros de cama (y de carnicería).
En fin, la sangre que nos da la vida nos define, primero en un grupo reducido (la familia), y segundo en una globalidad nacional. La raza y esas cosas que están tan de moda en los discursos de lo mas granado del liberalismo europeo. Los nuestros, los demás. Fascismo disfrazado de patriotismo rancio y embustero, criterio de separación caduco e injusto.
Pero no quiero centrarme en esa sangre (habrá tiempo para enfundarme el mono y bajar a las minas de la xenofobia), sino en la que es derrama. Asunto mas sangrante, siguiendo con la temática de este hemoglobínico post, me parece el hecho de nos una mas la sangre derramada.
Porqué ¡ay, amigos! nada es mas trágico que la desaparición de uno de los nuestros, un igual, uno que, aún sin conocer absolutamente de nada, es llamado compatriota. Su sangre derramada es una llamada de atención, un caos en ese cosmos que es nuestra vida comunitaria.
Hace unos días, las todopoderosas tropas de cierto país magrebí entraron a sangre y fuego en una ciudad (ciudad, por decir algo) para acabar con lo que ellos parecen considerar un peligro a la seguridad nacional de su territorio (su territorio, también por decir algo). Lógico, ¿quién no conoce la peligrosa labor de los niños saharauis, gente de conocida actividad subersiva, terroristas internacionales, etc, etc? Poco importa qué suceda en ese rinconcito arenoso de violencia indiscriminada y censurada. No tienen petroleo. Ni gas. Sólo arena. Y bueno, hasta que no empiecen a construir playas en Minnesotta o Chicago, pues seguirá siendo un lugar onírico y pacifico, democrático e ideal en el que el Gran Hermano imperial no actuará porqué no hay necesidad de sozjugar al tirano de turno.
Sin embargo, nos clama la sangre. Posible fallecido español en el Sahara. ¡Detengan el mundo! Que se maten entre ellos esta bien, faltaría mas, ¿pero a uno de los nuestros? ¡Inadmisible!
¿Es posible que el criterio de que una muerte importe o no sea su nacionalidad? Es algo tan frio como aterrador pensar que la cercanía de ese individuo diferencia el grado en el que nos afecta la muerte de un, no olvidemos, ser humano. Despues nos escandalizamos de cierta frase del dictador soviético Iosiv V. Stalin cuando exclamó aquello de que "una única muerte es una tragedia; un millón de muertos, una estadística"; cuando nosotros aplicamos la de "un español muerto es una tragedia, diez muertos saharauis son eso, sólo saharauis". Y encima, dormimos tranquilamente por las noches.
No obstante, ¿qué define a ese grupo? Miles son los criterios de selección ( y sobretodo, de discriminación) en esto de hacer grupos diferenciados, pero uno de los más potentes, desde luego, es la sangre. La sangre como materia de vida. Y por desgracia (y esto último se va imponiendo), como materia de muerte. Pues es bien sabido que los enemigos comunes hacen extraños compañeros de cama (y de carnicería).
En fin, la sangre que nos da la vida nos define, primero en un grupo reducido (la familia), y segundo en una globalidad nacional. La raza y esas cosas que están tan de moda en los discursos de lo mas granado del liberalismo europeo. Los nuestros, los demás. Fascismo disfrazado de patriotismo rancio y embustero, criterio de separación caduco e injusto.
Pero no quiero centrarme en esa sangre (habrá tiempo para enfundarme el mono y bajar a las minas de la xenofobia), sino en la que es derrama. Asunto mas sangrante, siguiendo con la temática de este hemoglobínico post, me parece el hecho de nos una mas la sangre derramada.
Porqué ¡ay, amigos! nada es mas trágico que la desaparición de uno de los nuestros, un igual, uno que, aún sin conocer absolutamente de nada, es llamado compatriota. Su sangre derramada es una llamada de atención, un caos en ese cosmos que es nuestra vida comunitaria.
Hace unos días, las todopoderosas tropas de cierto país magrebí entraron a sangre y fuego en una ciudad (ciudad, por decir algo) para acabar con lo que ellos parecen considerar un peligro a la seguridad nacional de su territorio (su territorio, también por decir algo). Lógico, ¿quién no conoce la peligrosa labor de los niños saharauis, gente de conocida actividad subersiva, terroristas internacionales, etc, etc? Poco importa qué suceda en ese rinconcito arenoso de violencia indiscriminada y censurada. No tienen petroleo. Ni gas. Sólo arena. Y bueno, hasta que no empiecen a construir playas en Minnesotta o Chicago, pues seguirá siendo un lugar onírico y pacifico, democrático e ideal en el que el Gran Hermano imperial no actuará porqué no hay necesidad de sozjugar al tirano de turno.
Sin embargo, nos clama la sangre. Posible fallecido español en el Sahara. ¡Detengan el mundo! Que se maten entre ellos esta bien, faltaría mas, ¿pero a uno de los nuestros? ¡Inadmisible!
¿Es posible que el criterio de que una muerte importe o no sea su nacionalidad? Es algo tan frio como aterrador pensar que la cercanía de ese individuo diferencia el grado en el que nos afecta la muerte de un, no olvidemos, ser humano. Despues nos escandalizamos de cierta frase del dictador soviético Iosiv V. Stalin cuando exclamó aquello de que "una única muerte es una tragedia; un millón de muertos, una estadística"; cuando nosotros aplicamos la de "un español muerto es una tragedia, diez muertos saharauis son eso, sólo saharauis". Y encima, dormimos tranquilamente por las noches.
domingo, 7 de noviembre de 2010
de como es sencillo hablar por no callar
Si algo ha sido España en sus quinientos (¿quinientos? ¿mil? ¿infinitos?) años de historia es profundamente religiosa. Pocas eran las diferencias entre moral cristiana y moral pública, y hasta hace muy poco las leyes civiles han estado emparejadas con leyes divinas que, por supuesto, son inamovibles. Inamovibles pues nos las cedió un buen día ese Dios que vigila, juzga y castiga; y que por cierto, no debía de ser el mismo dios del que nos hablo Jesus de Nazareth. Poco importa, el negocio va bien.
En cualquier caso, España nunca ha sido un nido de grandes progresistas. Excepciones, desde luego, existen; aunque sabemos como terminaron, por decir algún nombre, Rafael Riego (algo parecido a un demócrata decimonónico, lo cual tampoco es mucho decir) o mas recientemente, Santiago Carrillo ( el carnicero de Paracuellos, según la informadísima masa votante derechista).
Es evidente, y la historia lo ha expuesto así, que en los lugares que mas se ha sufrido algun tipo de exceso tiránico son despues cuna de los más radicales contrarios a dichos sistemas. Es, parece ser, una reacción natural del hombre reprimido.
Curioso es que cierto lider religioso compare la "actual deriva laicista" de España con los años de la tan añorada II. República. República que, por cierto, fue desangrada en una guerra criminal iniciada por los más patriotas del lugar. Y no admito, no puedo admitir que se diga que la culpa fue de los dos bandos. En cualquier caso, comparar esas dos realidades es, aparte de un ejercicio de ignorancia atrevidísima; es una interpretación maliciosa de lo que realmente ocurre (y ocurrió) en España.
Vamos a ver. Es imposible comparar la República con esta monarquía que nos regalo el tio Paco basicamente por una razón: los códigos de conducta no operan en el mismo registro. Dicho de otro modo, la situacion coyuntural de cada época es obscenamente distinta. No cabe comparación sin caer en un presentismo tan ignorante como peligroso. Y eso, Benedicto XVI. lo sabe. Porque no es tonto. Lo que realmente me preocupa es conocer la intención real de esas palabras. ¿Senectud? ¿Ganas de polemizar? ¿Petición velada de desinfectar España, vía cruzada?
Si no fuera por toda la sangre regada en los campos españoles a causa de estúpidas guerras con transfondo religioso; sería hasta cómico oírle hablar a este señor. Lo invitarían a algún teatrillo de Madrid para que rivalizara con Leo Bassi en quién dice mas tonterías. Pero el problema es que este señor es lider de una religión que aglutina a millones de personas. Y eso exige ser responsable y comedido. Y conocerse un poco la situación del lugar. Pero eso es algo que, dos mil años despues, no han aprendido. Y visto lo visto, jamás aprenderán.
En cualquier caso, España nunca ha sido un nido de grandes progresistas. Excepciones, desde luego, existen; aunque sabemos como terminaron, por decir algún nombre, Rafael Riego (algo parecido a un demócrata decimonónico, lo cual tampoco es mucho decir) o mas recientemente, Santiago Carrillo ( el carnicero de Paracuellos, según la informadísima masa votante derechista).
Es evidente, y la historia lo ha expuesto así, que en los lugares que mas se ha sufrido algun tipo de exceso tiránico son despues cuna de los más radicales contrarios a dichos sistemas. Es, parece ser, una reacción natural del hombre reprimido.
Curioso es que cierto lider religioso compare la "actual deriva laicista" de España con los años de la tan añorada II. República. República que, por cierto, fue desangrada en una guerra criminal iniciada por los más patriotas del lugar. Y no admito, no puedo admitir que se diga que la culpa fue de los dos bandos. En cualquier caso, comparar esas dos realidades es, aparte de un ejercicio de ignorancia atrevidísima; es una interpretación maliciosa de lo que realmente ocurre (y ocurrió) en España.
Vamos a ver. Es imposible comparar la República con esta monarquía que nos regalo el tio Paco basicamente por una razón: los códigos de conducta no operan en el mismo registro. Dicho de otro modo, la situacion coyuntural de cada época es obscenamente distinta. No cabe comparación sin caer en un presentismo tan ignorante como peligroso. Y eso, Benedicto XVI. lo sabe. Porque no es tonto. Lo que realmente me preocupa es conocer la intención real de esas palabras. ¿Senectud? ¿Ganas de polemizar? ¿Petición velada de desinfectar España, vía cruzada?
Si no fuera por toda la sangre regada en los campos españoles a causa de estúpidas guerras con transfondo religioso; sería hasta cómico oírle hablar a este señor. Lo invitarían a algún teatrillo de Madrid para que rivalizara con Leo Bassi en quién dice mas tonterías. Pero el problema es que este señor es lider de una religión que aglutina a millones de personas. Y eso exige ser responsable y comedido. Y conocerse un poco la situación del lugar. Pero eso es algo que, dos mil años despues, no han aprendido. Y visto lo visto, jamás aprenderán.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Partidos del Té, de la Tila, y de sus compadres
"Te voy a regalar un poco de té, sienta de maravilla para dormir". La inocente frase de una buena amiga mía me hizo estremecer pensando que ella (y sus remedios naturales) volvían a la carga contra mi débil espiritu. El té. Esa infusión tan maja que no suele dejar indiferente a nadie. Tanto, que en los Estados Unidos de América han hecho un partido en honor a ella. Algo asi como un partido verde cualquiera,"Los Amiguetes del Cañamo" por ejemplo, en un pueblo cualquiera con jovenes guays de por medio, sólo que con gente mayor, seria (en este caso,me temo, lo de serio y gente mayor no casa realmente) y, ¡fatalidad! conservadora.
Broma de mal gusto (por eso del verde de la tila), pues esta gente defiende, entre otras, lindezas del calibre "el creacionismo está al mismo nivel que el evolucionismo" (si, tómense unos minutos para digerir esto, o para dejar de reírse) o que "un sistema liberal de mercado dinamiza el mercado laboral" (por supuesto que lo dinamiza, destruye los derechos de los trabajadores). Hasta han puesto en duda el calentamiento global. Por no hablar de la extraña union entre Iglesia y Estado que propugnan. ¿Leyes morales? Robespierre no terminó su trabajo, parece ser.
En cualquier caso, parece ser que aspiran a 30 escaños en las elecciones legislativas que cambiaran de cara al Congreso norteamericano y a parte del Senado. Cosa que, desgraciadamente, parece plausible. Es tan tragicómico oirles hablar de como quieren acabar con el socialismo (¿¡socialismo en USA!?), de como quieren acabar con ese infiltrado de Al-Qaeda llamado Barack Hussein (inequivocamente musulmán; espero con insistencia el veredicto de algún juicio para probar su culpabilidad en el 11-S, el 11-M y en el Dos de Mayo) Obama, de como...
Me acabaré por encender a este paso.
Y con todo, lo peor no es que ese es el panorama de la capital imperial del mundo libre; sino que en España amenazan con desembarcar el Tea Party versión castiza, imagino que con música de Manolo Escobar de fondo. Vaya cuadrilla.
Yo ya he hablado con mi amiga, porque a este paso, los malos vamos a tener que conformar el Tila Party; que no es tan glamouroso como el auténtico, pero nos ayudará a aplacar los nervios.
Broma de mal gusto (por eso del verde de la tila), pues esta gente defiende, entre otras, lindezas del calibre "el creacionismo está al mismo nivel que el evolucionismo" (si, tómense unos minutos para digerir esto, o para dejar de reírse) o que "un sistema liberal de mercado dinamiza el mercado laboral" (por supuesto que lo dinamiza, destruye los derechos de los trabajadores). Hasta han puesto en duda el calentamiento global. Por no hablar de la extraña union entre Iglesia y Estado que propugnan. ¿Leyes morales? Robespierre no terminó su trabajo, parece ser.
En cualquier caso, parece ser que aspiran a 30 escaños en las elecciones legislativas que cambiaran de cara al Congreso norteamericano y a parte del Senado. Cosa que, desgraciadamente, parece plausible. Es tan tragicómico oirles hablar de como quieren acabar con el socialismo (¿¡socialismo en USA!?), de como quieren acabar con ese infiltrado de Al-Qaeda llamado Barack Hussein (inequivocamente musulmán; espero con insistencia el veredicto de algún juicio para probar su culpabilidad en el 11-S, el 11-M y en el Dos de Mayo) Obama, de como...
Me acabaré por encender a este paso.
Y con todo, lo peor no es que ese es el panorama de la capital imperial del mundo libre; sino que en España amenazan con desembarcar el Tea Party versión castiza, imagino que con música de Manolo Escobar de fondo. Vaya cuadrilla.
Yo ya he hablado con mi amiga, porque a este paso, los malos vamos a tener que conformar el Tila Party; que no es tan glamouroso como el auténtico, pero nos ayudará a aplacar los nervios.
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