lunes, 21 de marzo de 2011

colores

Primavera. Promesa de calor y de ilusiones fértiles, de lametones de sol, de calor y tranquilidad. Una espiral que destruye las sombras grises de Madrid, pintando las fachadas de colores tan vivos que la hacen pasar por cualquier otra ciudad. Nuevos colores, sensaciones; gente caminando por sus calles, corren como siempre, pero hoy es todo mas relajado, mas de verdad.
Nos miramos mientras el sol me quema la piel, esa piel que la pereza invernal ha impregnado de blancura. Sonreir cuando ves cambiar los colores, del gris al amarillo, del azul al verde, cambios sin cesar, cambios sin pensar, cambios, colores. Todo se transforma al abrigo del calor, al sentir que cada esquina arropa cada sensación.
Colores ocultos, que brillan con fuerza, con decisión. Nos miramos mientras vemos cambiar esos colores ante nosotros. Preguntan, se van, vuelven a preguntar. Creo que sonríes, lo has visto, una vez mas, todo va cambiando. Colores, primavera, asfalto. Desbrozando la calle.
Nos miramos mientras nos perdemos en el agua infinita, tibia, casi irreal, tan lejos y tan cerca. Ahora es sólo calle, es sólo ciudad, donde antes eras tu. Tanto que dejo de divagar, de esperar, sólo veo tus colores, azul, negro, puedo percibir algo mas. Cuelga de ti una estrella de colores.
Nos miramos. Colores. Sólo veo colores. 

jueves, 17 de febrero de 2011

...

Me sigo preguntando si es cierto que el amor es lo que mueve el mundo. Tal vez me precipité en los cálculos mas osados, en los barrancos mas profundos, en pensar en algo que hacer, algo que me permitiera pensar en que no estoy tan solo como creo. Fallé.

Pensando, repensando, sin esperas que me digan donde estoy, porque eso tampoco es lo que nadie busca. Si, la dama de lo carnal me ha llamado cada noche a un lugar diferente en el que inmolarme, en el que buscar lo que perdimos en tiempos remotos. Tiempos oscuros que ya no rigen, que ya no viven, su herencia es intangible, densa, pesada.

Empiezo a creer que todo esto merecio la pena, una vez, dos veces, quizá tres. Nunca mas, ciertamente. Te robé tus frases, tus desdichas, tus sueños mas absurdos y tus absurdos mas reales, todo para que, finalmente, no pueda mirarte a la cara. Todo para que seas lo que me sangra. Si te recuerdo hoy, precisamente hoy, es porqué nunca te fuiste del todo, porque me resistí a ser feliz. Hoy, como ayer. Ayer, como mañana. Sencillo.

Puede que aprenda a ser...  

jueves, 13 de enero de 2011

amigo etienne

Así, sin darnos cuenta, hemos cedido una vez más. Seguramente no nos hemos dado cuenta, ni hemos querido enterarnos. No importa, como siempre. La tan conocida comodidad del estado del bienestar (o malestar, según cuanto estamos dispuestos a aguantar) es un factor que aborrega al ciudadano medio. Saben los que me siguen de un modo u otro que una de mis críticas mas feroces suele estar dirigida a nosotros mismos, a la sociedad civil. Y a mi, el primero.
Me es inevitable pensar en el bueno de Etienne de la Boetie. Su "Discurso de la Servidumbre Voluntaria" (escueto tratado totalmente aconsejable) sigue mas vigente que nunca. Y ya han pasado unas centurias desde que este francés con pocos pelos en la lengua y una inteligencia privilegiada marcó con precisión quirúrgica los problemas que plantea una sociedad desmovilizada.
El Discurso, feroz lectura contra la tiranía en todas sus formas, es una canto a la libertad de la sociedad. La desobediencia civil es una idea que martillea sin piedad mientras te hundes en La Boetie. Honradamente, te hace plantear si realmente eres uno de esos ojos, una de esas manos, una de esas orejas que hacen que el poder del tirano parezca tan infinitamente vasto.
Aunque se planteen asuntos de hondo calado, me gustaría resaltar la idea principal que plantea Etienne de la Boetie en el Discurso. Es la sociedad la que mantiene aupado al tirano en su lugar. Sin nuestra complicidad, es imposible que pueda mantener su poder durante un periodo largo de tiempo. Somos, en fin, un engranaje en el sistema que si optara por detenerse, destrozaría toda la maquinaria.
Pero, y como el bueno de Etienne ya aticipó, no somos ni tan siquiera nostálgicos de una libertad que alguna vez tuvimos. No estamos dispuestos a jugar a ser libres. Y eso, como vaticinaron hace casi 500 años, nos condena sin remisión a ser parte de esa servidumbre voluntaria.

miércoles, 5 de enero de 2011

martires de la ética

Ha sido asesinado Salman Tasir en la provincia paquistaní de Punjab. Seguramente, no conocen quien era este fulano. Gobernador de la provincia de Punjab, en el lado oriental de Pakistán, era un activo defensor de los derechos humanos en contraposición a las leyes divinas musulmanas. Esta oposición al integrismo y a los talibanes lo han llevado a la tumba, caído bajo nueve balas que, irónicamente, le descerrajó su guardaespaldas.
Se preguntan algunos ingenuos si hay una mano negra detras de este asesinato, o si eran cuestiones personales las que motivaron el magnicidio. Amigo de Benazir Bhutto, ella también fue asesinada por integristas islámicos, y (si lo recuerdan) nadie puso en tela de juicio la autoría intelectual.
En cualquier caso, esto nos lleva a la tan mañida confrontación entre leyes civiles y leyes religiosas. Terreno cenagoso e infame que marca la vida de muchísimas personas en este planeta. El problema radica, a mi entender, en la creencia absoluta de la infalibilidad divina, y como no, en la creencia de que la ética propia es la que debe regir el estado. Porqué, no lo olvidemos, la ética religiosa, ha sido creada por humanos. Por personas que tenían, en su momento, tal visión de la vida. Y obraban en consecuencia.
Si en el año 2011 aun nos empeñamos en vivir una realidad de hace dos milenios, el cruel asesinato de Tasir sólo va a ser la continuación del integrismo religioso (nótese que me da igual el color de esa religión) que tanto desangra muchos países actuales. Tal vez deberíamos empezar a pensar en fomentar la ética ciudadana, la ética de la humanidad; la forma en que todos podamos habitar este planeta en paz. Pero claro, siempre es mas fácil que alguien decida por nosotros. Incluso en cuestiones tan vitales como la ética. Así nos va.

martes, 4 de enero de 2011

feliz navidad

Debería comenzar el post felicitando a todo el mundo el nuevo año, deseando que todo vaya bien en este año que comienza y toda esa parafernalea que tampoco lleva a ningún lugar. Un nuevo año, si, 2011. Es el momento de empezar a pensar en nobles propósitos para mantener la mente distraida durante los primeros días de enero. "Voy a ponerme a dieta", "este año me tomaré las cosas menos en serio", "voy a dejar el tabaco"; y así miles.
¿En serio que nos creemos todo eso? ¿De verdad que vamos a cambiar nuestros hábitos adquiridos durante largos años (que por cierto, también tuvieron un inicio para poder cambiarlo) de golpe y porrazo? Ojalá fuera así de perfecto y de fácil.
Hoy es día de enterrarse entre las distintas tiendas de la ciudad para buscar regalos a nuestros seres queridos, amparándonos en una mágica monarquía que funciona en dudoso triunvurato. Fechas de amor, paz y esperanza. Puede que los demás días del año vivamos en el desamor, la guerra y la desesperanza; o tal vez sólo sean viejos tópicos en los nuevos tiempos.
Por mi parte, sólo deseo que este nuevo año me otorge (¡por fin!) la facultad de poder discernir entre lo que me conviene y no. Nada menos. ¡Feliz Navidad!

miércoles, 8 de diciembre de 2010

una de directores

Circula entre mis amistades una leyenda que resurge cíclicamente en nuestras tardes de caña y colegueo. Algo inofensivo, pintoresco y gracioso a partes iguales, que suele servir de aperitivo antes de enzarzarnos en discusiones pseudo-sesudas del tipo "cómo arreglar el mundo en 24 horas; seminario impartido por fulano de tal".
Dicen y cuentan que en un pequeño pueblo (de esos que hay a patadas y que, curiosamente, todos tenemos uno) de la meseta castellana (el nombre, obviamente, es lo de menos) existía una escuela que era dirigida por un linaje de camaleónico apellido (y en este caso, el nombre sigue siendo lo de menos). Los Albéniz, los Nieto, los Herrero; da igual (lo de camaleónico es por esto), porque cada cual cuenta la historia según lo que le conviene, según sus odios personales, sus filiaciones inofensivas, y demás parafernalea rural.
Cuentan, pues, que la dirección de la escuela era ostentada por esa rama familiar, generalmente por el patriarca (España sigue siendo apostólica y romana, amigos). Los demás miembros de la prole eran repartidos, debido al prestigio de papá, en diferentes puestos de importancia por el pueblito en cuestión (farmaceútico, panadero, concejal de festejos, etc) sin que los vecinos pudieran hacer nada. Por supuesto, la partida de educación pasaba a manos del director, que hacía con ese dinero lo que buenamente quería.
En cargo vitalicio (prestigio, tradición, en fin; memeces), el director era un puesto inamovible: el consejo escolar sufría sus pertinentes elecciones que servían para purgar los puestos más bajos, en los que Manolo, el labriego, podía llegar a entrar (nadie se da cuenta en realidad de los problemas que tiene el bueno de Manolo para llenar la cazuela; pero esto es secundario: ahora hablamos de política).
Lo gracioso de todo esto es que el tal Albéniz (apellido simpático que voy a utilizar cuando me refiera a ese director caciquero, o cacique directil) no ostenta poder efectivo. Es decir, se limita a firmar las directrices del consejo escolar. Vamos, que es una figura representativa. En su magnanimidad, decide no intervenir en nada. Aquí, la palabra cacique (que sigue siendolo, por cierto) se va transformando paulatinamente en vago y jeta, a partes iguales.
Total, que el tonto del pueblo, en un arranque de lucidez, se preguntó un día cual era realmente la función del campechano de Albéniz; y cual era la diferencia entre tenerle de director y no tenerle.
No se si me voy explicando...

viernes, 3 de diciembre de 2010

échame un cable

Una vez que el temporal ha amainado y el sol vuelve a surgir entre las últimas y despistadas nubes que quedaban de la tormenta, es hora de hacer balance de daños. Un balance, supongo, casi imposible de acometer; pues dudo que haya habido alguien tan tarado como para investigar minuciosamente cada cable que Washington ha ido perdiendo por el camino.
Perder; bonito y curioso eufemismo para referirnos a la jugosa (y criminal, parece ser) acción de un soldado de tercera que, muerto de asco mientras combatía a esos señores con barba y turbante, decidió que es (¡donde va a parar!)  muchísimo mas divertido filtrar secretos de estado que jugar el tiro al árabe. Al menos, el amigo Manning ha hecho algo mas loable que declarar una guerra ilegal.
Pero daños colaterales al margen (hoy no me meteré contigo, Assange), lo curioso de todo esto es lo que esos cables contenían. Información que podría pasar tranquilamente por las revistas mas bizarras de cualquier peluquería de (ja-ja, que gracioso soy) medio pelo. ¿En serio que ese chico que es tan malo (pero al que reímos sus gracias, no sea que nos corte el suministro), utiliza botox para mantener la piel firme? ¿De verdad que ese depravado se sigue encerrando en lujosas mansiones con sus (dudosamente) legales velinas? ¿Gobierna Rusia una pareja de superheroes (iconos, por otro lado, de la homosexualidad mas sesentera)?
Me es inevitable reírme por lo absurdo de la situación. Aún así, sé que peco de bienintencionado (o de imbécil integral) diciendo que no me esperaba que hubiera algún tipo de control social y político. Hace poco que perdí la inocencia, lo reconozco. Pero, ¿creía alguien en su sano jucio que esto no sucedía? El problema es, a mi parecer, la profundidad y el cariz (en ese escrupuloso orden) que van cogiendo las cosas según se viaja mas al fondo del barril. Guerras, conspiraciones, chantajes, y un sinfín de barbaridades que apenan e indignan de igual manera.
Y lo peor, lo mas patético de todo, es que esa panda de ineptos nos gobiernan. Hay días que nos piden a gritos que levantemos barricadas y hagamos nuestra propia revolución. Y si lo piden con tantas ganas, tal vez deberíamos darles el capricho.   

martes, 16 de noviembre de 2010

recuerdan...

¿Recuerdan a esa niña rumana que tuvo una criatura con diez años? ¿Recuerdan el terremoto de Haití? ¿Recuerdan el varapalo a Obama y el ascenso del Tea Party? ¿Recuerdan a los 33 mineros de Chile? ¿Recuerdan los gitanos deportados por Sarkozy? ¿Recuerdan las elecciones de Brasil? ¿Recuerdan a Néstor Kichsner? ¿Recuerdan el cautiverio del premio nobel Liu Xiaobo?
Sinceramente, me cuesta recordarlos. A todos ellos. A los que me olvido. A los que omito por razones varias. Me cuesta tanto recordarlos que podría jurar, en un momento dado, que ninguno de ellos existió. Que todo está orquestado de manera que mi memoria frágil se olvide de lo que hace cuatro días (literalemente) era la noticia. Primeras planas que ya no venden, protagonistas que se difuminan. Sonrisas, lágrimas, emociones; sentimientos que nos son ajenos ahora. Ya los sentimos hace un tiempo. No hace falta que los volvamos a sentir.
Si, lo se, este post es demagógico a mas no poder. Pero mientras siga sucediendo, es preciso que se siga denunciando. Por que si seguimos permitiendo espacios vacios, la impunidad seguirá siendo flagrantemente escandalosa. No podemos admitir este periodismo voraz de titulares huecos que no les importan. Terminarán involucionando nuestros recuerdos. Terminaremos por pensar que las situaciones no tienen consecuencias, pues no las conocemos. Y no hay nada mas peligroso (y mas manipulable) que una masa social ávida de nuevas situaciones, de titulares que entierren las catástrofes del ayer.
Bueno, si; hay algo más peligroso. Que haya gente sin escrúpulos dispuesta a facilitar esa droga.
¿Recuerdan qué fue del ayer?

viernes, 12 de noviembre de 2010

la hipocresía, con sangre entra

Pocas cosas son más definitorias en un ser humano como la pertenencia a un grupo determinado. La familia, la comunidad, el equipo de fútbol, la peña de la lotería; el caso es que todos necesitamos sentir lazos de unión con algo o alguien. Es una reacción tan natural como comprensible. Ese grupo nos da calor, nos arropa, nos ayuda en ciertos momentos. Es, en fin, un lugar seguro, un refugio al que recurrir.
No obstante, ¿qué define a ese grupo? Miles son los criterios de selección ( y sobretodo, de discriminación) en esto de hacer grupos diferenciados, pero uno de los más potentes, desde luego, es la sangre.  La sangre como materia de vida. Y por desgracia (y esto último se va imponiendo), como materia de muerte. Pues es bien sabido que los enemigos comunes hacen extraños compañeros de cama (y de carnicería).
En fin, la sangre que nos da la vida nos define, primero en un grupo reducido (la familia), y segundo en una globalidad nacional. La raza y esas cosas que están tan de moda en los discursos de lo mas granado del liberalismo europeo. Los nuestros, los demás. Fascismo disfrazado de patriotismo rancio y embustero, criterio de separación caduco e injusto.
Pero no quiero centrarme en esa sangre (habrá tiempo para enfundarme el mono y bajar a las minas de la xenofobia), sino en la que es derrama. Asunto mas sangrante, siguiendo con la temática de este hemoglobínico post, me parece el hecho de nos una mas la sangre derramada.
Porqué ¡ay, amigos! nada es mas trágico que la desaparición de uno de los nuestros, un igual, uno que, aún sin conocer absolutamente de nada, es llamado compatriota. Su sangre derramada es una llamada de atención, un caos en ese cosmos que es nuestra vida comunitaria.
Hace unos días, las todopoderosas tropas de cierto país magrebí entraron a sangre y fuego en una ciudad (ciudad, por decir algo) para acabar con lo que ellos parecen considerar un peligro a la seguridad nacional de su territorio (su territorio, también por decir algo). Lógico, ¿quién no conoce la peligrosa labor de los niños saharauis, gente de conocida actividad subersiva, terroristas internacionales, etc, etc? Poco importa qué suceda en ese rinconcito arenoso de violencia indiscriminada y censurada. No tienen petroleo. Ni gas. Sólo arena. Y bueno, hasta que no empiecen a construir playas en Minnesotta o Chicago, pues seguirá siendo un lugar onírico y pacifico, democrático e ideal en el que el Gran Hermano imperial no actuará porqué no hay necesidad de sozjugar al tirano de turno.
Sin embargo, nos clama la sangre. Posible fallecido español en el Sahara. ¡Detengan el mundo! Que se maten entre ellos esta bien, faltaría mas, ¿pero a uno de los nuestros? ¡Inadmisible!
¿Es posible que el criterio de que una muerte importe o no sea su nacionalidad? Es algo tan frio como aterrador pensar que la cercanía de ese individuo diferencia el grado en el que nos afecta la muerte de un, no olvidemos, ser humano. Despues nos escandalizamos de cierta frase del dictador soviético Iosiv V. Stalin cuando exclamó aquello de que "una única muerte es una tragedia; un millón de muertos, una estadística"; cuando nosotros aplicamos la de "un español muerto es una tragedia, diez muertos saharauis son eso, sólo saharauis". Y encima, dormimos tranquilamente por las noches.    

domingo, 7 de noviembre de 2010

de como es sencillo hablar por no callar

Si algo ha sido España en sus quinientos (¿quinientos? ¿mil? ¿infinitos?) años de historia es profundamente religiosa. Pocas eran las diferencias entre moral cristiana y moral pública, y hasta hace muy poco las leyes civiles han estado emparejadas con leyes divinas que, por supuesto, son inamovibles. Inamovibles pues nos las cedió un buen día ese Dios que vigila, juzga y castiga; y que por cierto, no debía de ser el mismo dios del que nos hablo Jesus de Nazareth. Poco importa, el negocio va bien.
En cualquier caso, España nunca ha sido un nido de grandes progresistas. Excepciones, desde luego, existen; aunque sabemos como terminaron, por decir algún nombre, Rafael Riego (algo parecido a un demócrata decimonónico, lo cual tampoco es mucho decir) o mas recientemente, Santiago Carrillo ( el carnicero de Paracuellos, según la informadísima masa votante derechista).
Es evidente, y la historia lo ha expuesto así, que en los lugares que mas se ha sufrido algun tipo de exceso tiránico son despues cuna de los más radicales contrarios a dichos sistemas. Es, parece ser, una reacción natural del hombre reprimido.
Curioso es que cierto lider religioso compare la "actual deriva laicista" de España con los años de la tan añorada II. República. República que, por cierto, fue desangrada en una guerra criminal iniciada por los más patriotas del lugar. Y no admito, no puedo admitir que se diga que la culpa fue de los dos bandos. En cualquier caso, comparar esas dos realidades es, aparte de un ejercicio de ignorancia atrevidísima; es una interpretación maliciosa de lo que realmente ocurre (y ocurrió) en España.
Vamos a ver. Es imposible comparar la República con esta monarquía que nos regalo el tio Paco basicamente por una razón: los códigos de conducta no operan en el mismo registro. Dicho de otro modo, la situacion coyuntural de cada época es obscenamente distinta. No cabe comparación sin caer en un presentismo tan ignorante como peligroso. Y eso, Benedicto XVI. lo sabe. Porque no es tonto. Lo que realmente me preocupa es conocer la intención real de esas palabras. ¿Senectud? ¿Ganas de polemizar? ¿Petición velada de desinfectar España, vía cruzada? 
Si no fuera por toda la sangre regada en los campos españoles a causa de estúpidas guerras con transfondo religioso; sería hasta cómico oírle hablar a este señor. Lo invitarían a algún teatrillo de Madrid para que rivalizara con Leo Bassi en quién dice mas tonterías. Pero el problema es que este señor es lider de una religión que aglutina a millones de personas. Y eso exige ser responsable y comedido. Y conocerse un poco la situación del lugar. Pero eso es algo que, dos mil años despues, no han aprendido. Y visto lo visto, jamás aprenderán.