Ha sido asesinado Salman Tasir en la provincia paquistaní de Punjab. Seguramente, no conocen quien era este fulano. Gobernador de la provincia de Punjab, en el lado oriental de Pakistán, era un activo defensor de los derechos humanos en contraposición a las leyes divinas musulmanas. Esta oposición al integrismo y a los talibanes lo han llevado a la tumba, caído bajo nueve balas que, irónicamente, le descerrajó su guardaespaldas.
Se preguntan algunos ingenuos si hay una mano negra detras de este asesinato, o si eran cuestiones personales las que motivaron el magnicidio. Amigo de Benazir Bhutto, ella también fue asesinada por integristas islámicos, y (si lo recuerdan) nadie puso en tela de juicio la autoría intelectual.
En cualquier caso, esto nos lleva a la tan mañida confrontación entre leyes civiles y leyes religiosas. Terreno cenagoso e infame que marca la vida de muchísimas personas en este planeta. El problema radica, a mi entender, en la creencia absoluta de la infalibilidad divina, y como no, en la creencia de que la ética propia es la que debe regir el estado. Porqué, no lo olvidemos, la ética religiosa, ha sido creada por humanos. Por personas que tenían, en su momento, tal visión de la vida. Y obraban en consecuencia.
Si en el año 2011 aun nos empeñamos en vivir una realidad de hace dos milenios, el cruel asesinato de Tasir sólo va a ser la continuación del integrismo religioso (nótese que me da igual el color de esa religión) que tanto desangra muchos países actuales. Tal vez deberíamos empezar a pensar en fomentar la ética ciudadana, la ética de la humanidad; la forma en que todos podamos habitar este planeta en paz. Pero claro, siempre es mas fácil que alguien decida por nosotros. Incluso en cuestiones tan vitales como la ética. Así nos va.
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