¿Recuerdan a esa niña rumana que tuvo una criatura con diez años? ¿Recuerdan el terremoto de Haití? ¿Recuerdan el varapalo a Obama y el ascenso del Tea Party? ¿Recuerdan a los 33 mineros de Chile? ¿Recuerdan los gitanos deportados por Sarkozy? ¿Recuerdan las elecciones de Brasil? ¿Recuerdan a Néstor Kichsner? ¿Recuerdan el cautiverio del premio nobel Liu Xiaobo?
Sinceramente, me cuesta recordarlos. A todos ellos. A los que me olvido. A los que omito por razones varias. Me cuesta tanto recordarlos que podría jurar, en un momento dado, que ninguno de ellos existió. Que todo está orquestado de manera que mi memoria frágil se olvide de lo que hace cuatro días (literalemente) era la noticia. Primeras planas que ya no venden, protagonistas que se difuminan. Sonrisas, lágrimas, emociones; sentimientos que nos son ajenos ahora. Ya los sentimos hace un tiempo. No hace falta que los volvamos a sentir.
Si, lo se, este post es demagógico a mas no poder. Pero mientras siga sucediendo, es preciso que se siga denunciando. Por que si seguimos permitiendo espacios vacios, la impunidad seguirá siendo flagrantemente escandalosa. No podemos admitir este periodismo voraz de titulares huecos que no les importan. Terminarán involucionando nuestros recuerdos. Terminaremos por pensar que las situaciones no tienen consecuencias, pues no las conocemos. Y no hay nada mas peligroso (y mas manipulable) que una masa social ávida de nuevas situaciones, de titulares que entierren las catástrofes del ayer.
Bueno, si; hay algo más peligroso. Que haya gente sin escrúpulos dispuesta a facilitar esa droga.
¿Recuerdan qué fue del ayer?
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